lunes, 6 de octubre de 2008

¡UN PELO DE DIOS!

Esto... En pleno siglo VI un pequeño conato de materialismo brotó durante el reinado de Leovigildo. Tenemos noticia de ello gracias a una carta que Liciniano y Severino, obispos de Cartagena y Málaga respectivamente, dirigieron a Epifanio, diácono. Segun parece, un tercer obispo del que no se da seña alguna, andaba proclamando que tanto los ángeles como el alma humana tenían que considerarse sustancias corpóreas, pues fuera de Dios todo era materia. El argumento principal era que si aceptábamos que el alma estaba dentro del cuerpo tenía que ser material, pues nada inmaterial puede estar metido dentro de un cuerpo espacial y finito.

Aparte de esa carta nada más se sabe de tal controversia. Supongo que tenían ya suficiente los obispos católicos intentando esquivar el arrianismo dominante (de hecho, Liciniano acabó desterrado en Constantinopla). Y bla, bla, bla.

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¡CINCO MORDISCOS, CINCO!




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Häxan. 1922, Benjamin Christensen. Para algo está el eMule.


(la canción es una mierda)




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Aparte de eso, háblenme de ustedes. ¿Cómo se suicidarían?


Armand Mauri.